miércoles, 18 de enero de 2012

Iglesia Bautista "Palabra Eterna"                                                                                                           Calle Marcos Montalvo Entre Av. Victor Hugo y Rodríguez Labandera AMBATO, EC.                                        ESTUDIO BÍBLICO  Jueves 19:30 hrs.  

A. DEFINICIÓN DE LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO
En contraste con la obra del Espíritu Santo en la salvación tales como la regeneración, el morar, el sellamiento y el bautismo, la plenitud del Espíritu se relaciona a la experiencia cristiana, al poder y al servicio. Las obras del Espíritu en relación a la salvación son de una vez y para siempre, pero la plenitud del Espíritu es una experiencia repetida y se menciona frecuentemente en la Biblia.
En una escala limitada, se puede observar la plenitud del Espíritu en ciertos individuos antes de Pentecostés (Ex. 28:3; 31:3; 35:31; Lc. 1:15, 41, 67; 4:1). Sin lugar a dudas, hay muchos otros ejemplos donde el Espíritu de Dios vino sobre individuos y los capacitó en poder para el servicio. En el total, sin embargo, unos pocos fueron llenos del Espíritu antes del día de Pentecostés, y la obra del Espíritu parece estar relacionada al soberano propósito de Dios de cumplir alguna obra especial en los individuos. No hay indicación de que la plenitud del Espíritu hubiera estado abierta a cada uno que rindiera su vida al Señor antes de Pentecostés.
Comenzando con el día de Pentecostés, amaneció una nueva edad en la cual el Espíritu Santo obraría en cada creyente. Entonces todos fueron hechos morada del Espíritu y podrían ser llenados si El encontraba las condiciones propicias. Esta conclusión está confirmada por numerosas ilustraciones en el Nuevo Testamento (Hch. 2:4; 4:8,31; 6:3,5; 7:55; 9:17; 11:24; 13:9, 52; Ef. 5:18).
La plenitud del Espíritu puede definirse como un estado espiritual donde el Espíritu Santo está cumpliendo todo lo que El vino a hacer en el corazón y vida del creyente individual. No es un asunto de adquirir más del Espíritu, sino más bien que el Espíritu de Dios vaya tomando posesión del individuo. En lugar de ser una situación anormal y poco frecuente, como lo era antes de Pentecostés, el ser llenado por el Espíritu en la edad presente es normal, si bien no es lo usual, en la experiencia del cristiano. A cada cristiano se le ordena ser lleno del Espíritu (Ef. 5: 18), y el no estar llenos del Espíritu es estar en un estado de desobediencia parcial.
Hay una diferencia apreciable en el carácter y calidad en la vida diaria de los cristianos. Pocos pueden caracterizarse por estar llenos del Espíritu. Esta falta, sin embargo, no se debe a una falla de parte de Dios en su provisión, sino más bien es falla de la parte del individuo en apropiarse de esta provisión y permitir al Espíritu Santo llenar su vida. El estado de estar lleno del Espíritu debería de contrastarse con la madurez espiritual. Un cristiano nuevo quien haya sido salvo recientemente puede ser lleno con el Espíritu y manifestar el poder del Espíritu Santo en su vida. Sin embargo, la madurez viene sólo a través de experiencias espirituales, las cuales pueden extenderse toda una vida y abarcan un crecimiento en conocimiento, la continua experiencia de ser llenado con el Espíritu, y una madurez en juicio sobre cosas espirituales. Así como un niño recién nacido puede ser vehemente, de la misma manera un cristiano puede ser lleno con el Espíritu; pero, al igual que un recién nacido, sólo la vida y la experiencia pueden sacar a relucir las cualidades espirituales que pertenecen a la madurez. Este es el porqué de que numerosos pasajes de la Biblia hablen del crecimiento. El trigo crece hasta la cosecha (Mt. 13:30). Dios obra en su iglesia a través de hombres dotados con dones personales para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y para edificar el cuerpo de Cristo de manera que los cristianos puedan crecer en la fe y en estatura espiritual (Ef. 4: 11-16). Pedro habla de los bebés espirituales, que necesitan la leche espiritual para crecer (1 P. 2:2), y exhorta «crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 P. 3:18).
Hay una relación obvia entre la plenitud del Espíritu y la madurez espiritual, y un cristiano lleno del Espíritu madurará más rápidamente que uno que no lo está. La plenitud del Espíritu y la madurez espiritual como resultado son los dos factores más importantes en la ejecución de la voluntad de Dios en la vida de un cristiano y también en el propósito de Dios de crearle para buenas obras (Ef. 2:10).
Por consiguiente, la plenitud del Espíritu se cumple en cada creyente cuando él está completamente rendido al Espíritu Santo, el cual mora en él, resultando en una condición espiritual en la cual el Espíritu Santo controla y dota de poder al individuo. Mientras que puede haber varios grados en la manifestación de la plenitud del Espíritu y grados en el poder divino, el pensamiento central en la plenitud es que el Espíritu de Dios es capaz de operar en y a través del individuo sin obstáculo, cumpliendo la voluntad perfecta de Dios para aquella persona.
El concepto de la plenitud del Espíritu es sacado a luz en un número de referencias en el Nuevo Testamento. Es ilustrado preeminentemente en Jesucristo, quien, de acuerdo a Lucas 4:1, era continuamente «lleno del Espíritu Santo». Juan el Bautista tuvo la experiencia excepcional de ser llenado con el Espíritu desde que estaba en la matriz de su madre (Lc. 1:15), y ambos, su madre Elizabet y su padre Zacarías, fueron temporalmente llenos del Espíritu (Lc. 1:41, 67). Estos ejemplos están aún dentro del molde del Antiguo Testamento, en el cual la plenitud del Espíritu era una obra soberana de Dios que no estaba al alcance de cada individuo.
Comenzando con el día de Pentecostés, sin embargo toda la multitud fue llena con el Espíritu. En la Iglesia primitiva el Espíritu de Dios llenaba repetidamente a aquellos que buscaban la voluntad de Dios, como en el caso de Pedro (Hch. 4:8), el grupo de cristianos quienes oraban por valor y el poder de Dios (Hch. 4:31), y Pablo después de su conversión (Hch. 9:17). Algunos se caracterizan por estar en un continuo estado de plenitud del Espíritu, como se ilustra en los primeros diáconos (Hch. 6:3) y Esteban el mártir (Hch. 7:55) y Bernabé (Hch. 11:24). Pablo fue lleno con el Espíritu repetidas veces (Hch. 13:9), y así lo fueron otros discípulos (Hch. 13:52). En cada caso solamente los cristianos rendidos a Dios fueron llenados con el Espíritu.
A los creyentes del Antiguo Testamento nunca se les ordenaba ser llenados con el Espíritu, aunque en algunas ocasiones fueron amonestados, como Zorobabel, que la obra del Señor se cumple, «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos» (Zac. 4:6). En la era presente a cada cristiano se le ordena ser llenado con el Espíritu, como en Efesios 5:18: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.» El ser llenados con el Espíritu, así como el recibir la salvación por fe, no se cumple, sin embargo, por esfuerzo humano, más bien es por permitir a Dios que cumpla su obra en la vida del individuo. En la Escritura está claro que un cristiano puede ser genuinamente salvo sin ser llenado con el Espíritu, y, por lo tanto, la plenitud del Espíritu no es una parte de la salvación misma. La plenitud del Espíritu también puede ser contrastada con la obra hecha de una vez y para siempre que es cumplida en el creyente cuando éste es salvo. La plenitud del Espíritu, si bien puede ocurrir en el momento de la salvación, ocurre una y otra vez en la vida de un cristiano consagrado, y debería ser una experiencia normal de que los cristianos tuviesen esta constante plenitud del Espíritu.
El hecho de que la plenitud del Espíritu es una experiencia repetida, se hace notorio en el tiempo presente del mandamiento en Efesios 5:18: «sed llenos del Espíritu». Traducido literalmente es «manteneos siendo llenados por el Espíritu». En el texto se compara con un estado de intoxicación en el cual el vino afecta al cuerpo entero, incluyendo a la actividad mental y a la actividad física del cuerpo. La plenitud del Espíritu no es, por lo tanto, una experiencia que sucede una vez y para siempre. No está correcto llamarla una segunda obra de gracia, puesto que ocurre una y otra vez. Indudablemente, la experiencia de ser llenado con el Espíritu por primera vez es muy fuerte en la vida del cristiano y puede ser un hito que eleve la experiencia cristiana a un nuevo nivel. Sin embargo, el cristiano depende de Dios para la continua plenitud del Espíritu, y ningún cristiano puede vivir en el poder espiritual de ayer.
De la naturaleza de la plenitud del Espíritu puede concluirse que la amplia diferencia en la experiencia espiritual observada en cristianos y los varios grados de conformidad a la mente y voluntad de Dios pueden ser atribuidos a la presencia o ausencia de la plenitud del Espíritu. El que desea hacer la voluntad de Dios debe, por consiguiente, entrar por completo en el privilegio que Dios le ha dado al ser morada del Espíritu y tener la capacidad de rendir completamente su vida al Espíritu de Dios.
B. CONDICIONES PARA LA PLENITUD DEL ESPÍRITU
Frecuentemente se han señalado tres sencillos mandamientos como la condición para ser llenados con el Espíritu. En 1 Tesalonicenses 5: 19 se da el mandamiento: «No apaguéis al Espíritu.» En Efesios 4:30 se instruye a los cristianos: «y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.» Un tercero, como instrucción más positiva, se da en Gálatas 5:16: «Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.» Aunque otros pasajes arrojan luz sobre estas básicas condiciones para ser llenados con el Espíritu, estos tres pasajes resumen la idea principal.
1. El mandamiento de «no apaguéis el Espíritu», en 1 Tesalonicenses 5: 19, aunque no se explique en su contexto, está usando en forma obvia La figura del fuego como un símbolo del Espíritu Santo. En la forma en que se hace mención de apagar el fuego en Mateo 12: 20 y Hebreos 11: 34 se ilustra lo que se quiere decir.
De acuerdo a Efesios 6:16, «el escudo de la fe» es capaz de «apagar los dardos de fuego del maligno». Por consiguiente, apagar el Espíritu es ahogar o reprimir al Espíritu y no permitirle que cumpla su obra en el creyente. Puede definirse simplemente como el decir «No», o de no tener la voluntad de dejar al Espíritu conducirse a su manera.
El pecado original de Satanás fue la rebelión contra Dios (Is. 14:14), y cuando un creyente dice «yo quiero» en lugar de decir como Cristo dijo en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22:42), entonces está apagando al Espíritu.
Para que pueda experimentar se la plenitud del Espíritu es necesario para un cristiano que rinda su vida al Señor. Cristo observó que un hombre no puede servir a dos señores (Mt. 6:24), y a los cristianos se les exhorta constantemente a que se rindan a sí mismos a Dios. Al hablar de la rendición a la voluntad de Dios en la vida de un cristiano, Pablo escribió en Romanos 6: 13: «Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.» Aquí se declara claramente la opción ante cada cristiano: él puede rendirse a sí mismo tanto a Dios como al pecado.
Un pasaje similar se encuentra en Romanos 12:1-2. Al presentar la obra de salvación y santificación en la vida del creyente, Pablo encarece a los romanos: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» En ambos pasajes Romanos 6:13 y 12:1 se usa la misma palabra griega. El tiempo del verbo está en aoristo, lo cual significa «rendirse a Dios de una vez y para siempre». De acuerdo a esto, la experiencia de ser llenado con el Espíritu sólo puede ser llevada a cabo cuando un cristiano toma el paso inicial de presentar su cuerpo en sacrificio vivo. El cristiano ha sido preparado para esto por medio de la salvación, lo cual hace al sacrificio santo y aceptable delante de Dios. Es razonable de parte de Dios esperar esto habiendo muerto Cristo por este individuo.
Al presentar su cuerpo, el cristiano debe enfrentar el hecho de que no debe de conformarse exteriormente al mundo, sino que interiormente debe de ser transformado por el Espíritu Santo con el resultado de que su mente sea renovada para reconocer los valores espirituales
El es capaz de distinguir lo que no es la voluntad de Dios, de lo que es la «buena, agradable y perfecta voluntad de Dios» (Ro. 12: 2).
La rendición no se hace en referencia a algún punto en particular, sino que más bien discierne la voluntad de Dios para la vida en cada asunto particular. Es, por lo tanto, una actitud de estar deseoso de hacer cualquier cosa que Dios quiera que el creyente haga. Es el hacer la voluntad final de Dios en su vida y estar dispuesto a hacer cualquier cosa cuando sea, donde sea y como Dios pueda dirigirla. El hecho de que la exhortación «no apaguéis el Espíritu» está en tiempo presente indica que ésta debería ser una experiencia continua iniciada por el acto de la rendición.
Un cristiano que desea estar continuamente rendido a Dios encuentra que esta rendición se relaciona con varios aspectos. Es, en primer lugar, una rendición a la Palabra de Dios en sus exhortaciones y su verdad. El Espíritu Santo es el supuesto Maestro, y a medida que va conociendo la verdad, un creyente debe rendirse a ésta a medida que la va comprendiendo. El rehusar someterse a la Palabra de Dios hace que la plenitud del Espíritu sea imposible.
La rendición también se relaciona con la guía. En muchos casos la Palabra de Dios no es explícita en cuanto a decisiones que un cristiano tiene que enfrentar. Aquí el creyente debe de ser guiado por los principios de la Palabra de Dios, y el Espíritu de Dios puede darle la guía sobre las bases de lo que la Escritura revela. De acuerdo a ello, la obediencia a la guía del Espíritu es necesaria para la plenitud del Espíritu (Ro. 8:14). En algunos casos el Espíritu puede ordenar a un cristiano que haga algo y en otras ocasiones puede prohibirle que siga el curso de una acción. Una ilustración es la experiencia de Pablo, quien fue impedido de predicar el evangelio en Asia y Bitinia en las primeras etapas de su ministerio y más tarde se le instruyó que fuera a estas mismas áreas a predicar (Hch. 16:6-7; 19:10). La plenitud del Espíritu incluye el seguir la guía del Señor.
Un cristiano también debe de estar rendido a los hechos providenciales de Dios, los cuales a menudo acarrean situaciones o experiencias que no son deseadas por el individuo. De acuerdo a ello, un creyente debe de entender lo que es ser sumiso a la voluntad de Dios aun cuando ello implique el sufrimiento y sendas que en sí mismas no son placenteras.
La suprema ilustración de lo que significa ser llenado con el Espíritu y rendido a Dios es el Señor Jesucristo mismo. En Filipenses 2:5-11 se revela que Jesús, al venir a la tierra y morir por los pecados del mundo, estaba deseando ser lo que Dios había escogido, deseando ir donde Dios había es- cogido y deseando hacer lo que Dios había escogido.
Un creyente que desea ser llenado con el Espíritu debe tener una actitud similar en cuanto a rendición y obediencia.
2. En conexión con la plenitud del Espíritu, se le exhorta también a «no contristar al Espíritu»(Ef. 4:30). Aquí se presume que el pecado ha entrado en la vida de un cristiano y como un hecho de su experiencia ha sobrevenido la falta de rendición. Para poder entrar en un estado en el que pueda ser llenado con el Espíritu, o para volver a tal estado, se le exhorta a que no continúe en su pecado, el cual contrista al Espíritu Santo. Cuando en el creyente el Espíritu de Dios es contristado, la comunión, guía, instrucción y poder del Espíritu son estorbados; el Espíritu Santo, aunque está morando, no está libre para cumplir su obra en la vida del creyente.
La experiencia de la plenitud del Espíritu puede ser afectada por las condiciones físicas. Un cristiano que físicamente está cansado, hambriento o enfermo puede no experimentar el gozo normal y la paz, los cuales son frutos del Espíritu. El mismo apóstol que exhorta a ser llenados con el Espíritu confiesa en 2 Corintios 1: 8-9 que ellos estuvieron «abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida». De acuerdo a ello, aun un cristiano lleno con el Espíritu puede experimentar algún trastorno interior. Sin embargo, cuanto más grande sea la necesidad en las circunstancias del creyente, mayor es la necesidad de la plenitud del Espíritu y la rendición a la voluntad de Dios para que el poder del Espíritu pueda ser manifestado en la vida individual. Cuando un cristiano toma conciencia del hecho de que ha contristado al Espíritu Santo, el remedio está en cesar de contristar al Espíritu, como se expresa en Efesios 4:30 traducido literalmente. Esto puede cumplirse obedeciendo 1 Juan 1:9, donde se instruye al hijo de Dios: «Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» Este pasaje se refiere a un hijo de Dios que ha pecado contra su Padre Celestial. La vía de restauración está abierta porque la muerte de Cristo es suficiente, para todos sus pecados (1 Juan 2:1-2).
Así, la manera de volver a la comunión con Dios para un, creyente es confesar sus pecados a Dios, reconociendo nuevamente las bases para el perdón en la muerte de Cristo y deseando la restauración a una comunión íntima con Dios el Padre, así como también con el Espíritu Santo. No es un es un asunto de justicia en una corte legal, sino más bien una relación." restaurada entre padre e hijo que se había descarriado. El pasaje asegura que Dios es fiel y justo para perdonar el pecado y quitarlo como una barrera que se interpone en la comunión cuando un cristiano confiesa sinceramente su iniquidad a Dios. Mientras que en algunas situaciones la confesión del pecado puede requerir que se vaya a los individuos que han sido ofendidos y corregir las dificultades, la idea principal es establecer una nueva relación íntima con Dios mismo. Confesando sus pecados, el cristiano debe de estar seguro de que del lado divino el perdón es inmediato. Cristo, como el intercesor del creyente y como el que murió en la cruz, ha hecho ya todos los ajustes necesarios del lado celestial. La restauración a la comunión está sujeta, por lo tanto, sólo a la actitud humana de confesión y rendición. La Biblia también advierte al creyente contra los serios resultados de estar contristando continuamente al Espíritu. Esto, a veces, resulta en el castigo de Dios para con el creyente con el propósito de restaurarle, como se menciona en Hebreos 12:5-6. Al cristiano se le advierte que, si él no se juzga a sí mismo, Dios necesitará intervenir con la disciplina divina (1 Co. 11:31-32). En cualquier caso, hay una pérdida inmediata cuando un cristiano está caminando fuera de la comunión con Dios, y existe el constante peligro del juicio severo de Dios como un padre fiel que trata con su, hijo errado.
3. El andar en el Espíritu es un mandamiento positivo, en contraste a los mandamientos previos, los cuales son negativos. Caminar en el Espíritu (Gá. 5:16) es un mandamiento para apropiarse del poder y la bendición que es provista por el Espíritu que mora en el creyente. El andar en el Espíritu es un mandamiento en el tiempo presente, esto es, un cristiano debe de mantenerse andando por medio del Espíritu.
El nivel cristiano de la vida espiritual es alto, y él no es capaz de cumplir la voluntad de Dios aparte del poder de Dios. De acuerdo a ello, la provisión del Espíritu que mora hace posible para el cristiano el estar andando por medio del poder y la guía del Espíritu que vive en él.
El andar en el Espíritu es un acto de fe. Está dependiendo del Espíritu el hacer lo que sólo el Espíritu puede hacer. Las altas normas de la era presente -donde se nos ordena amar como Cristo ama (Jn. 13:34; 15:12) y donde se ordena que cada pensamiento sea traído a la obediencia en Cristo (2 Co. 10: 5)- son imposibles aparte del poder del Espíritu. De igual manera, las otras manifestaciones de vida espiritual -tales como el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23) y tales mandamientos como «estad siempre gozosos. Orad sin cesar» (1 Ts. 5: 16-17) y «dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Ts. 5:18)- son imposibles a menos que uno esté andando en el Espíritu.
Obtener una norma alta de vida espiritual es de lo más difícil porque el cristiano está viviendo en un mundo pecador y está bajo constante influencia maligna (Jn. 17:15; Ro. 12:2; 2 Co. 6:14; Gá. 6:14; 1 Jn. 2:15). De igual manera, el cristiano tiene oposición por el poder de Satanás y está comprometido en una lucha incesante con este enemigo de Dios (2 Co. 4:4; 11:14; Ef. 6:12).
Además del conflicto con el sistema mundial y con Satanás, el cristiano tiene un enemigo de dentro, su antigua naturaleza, la cual desea conducirle de vuelta a la vida de obediencia a la carne pecaminosa (Ro. 5:21; 6:6; 1 Co. 5:5; 2 Co. 7:1; 10:2-3; Gá. 5:16-24; 6:8; Ef. 2:3). Por estar la antigua naturaleza constantemente en guerra con la nueva naturaleza en el cristiano, sólo la continua dependencia en el Espíritu de Dios puede traer victoria. Así es que, aunque algunos han llegado a la conclusión errónea de que un cristiano puede alcanzar una perfección sin pecado, existe la necesidad de caminar constantemente en el Espíritu para que este poder pueda llevar a cabo la voluntad de Dios en la vida de un creyente. Al creyente le espera la perfección final del cuerpo y el espíritu en el cielo, pero la lucha espiritual continúa sin disminuir hasta la muerte o el traslado espiritual.
Todas estas verdades enfatizan la importancia de apropiarse del Espíritu andando en su poder y guía y dejando que el Espíritu tenga control y dirección de una vida cristiana.
C. LOS RESULTADOS DE LA PLENITUD DEL ESPÍRITU
Cuando uno está rendido a Dios y lleno con el Espíritu vienen imprevisibles resultados.
1. UN CRISTIANO QUE CAMINA EN EL PODER DEL ESPÍRITU EXPERIMENTA UNA SANTIFICACIÓN PROGRESIVA, UNA SANTIDAD DE VIDA EN LA CUAL EL FRUTO DEL ESPÍRITU (GÁ. 5:22-23) ESTÁ CUMPLIDO. Esta es la suprema manifestación del poder del Espíritu y es la preparación terrenal para el tiempo cuando el creyente,-en los cielos- será completamente transformado a la imagen de Cristo.
2. UNO DE LOS IMPORTANTES MINISTERIOS DEL ESPÍRITU ES EL DE ENSEÑAR AL CREYENTE LAS VERDADES ESPIRITUALES. Sólo mediante la guía e iluminación del Espíritu un creyente puede comprender la infinita verdad de la Palabra de Dios. Así como el Espíritu de Dios es necesario para revelar la verdad concerniente a la salvación (Jn. 16:7-11) antes de que una persona pueda ser salva, así el Espíritu de Dios guía también al cristiano a toda verdad (Jn. 16:12-14).
Las cosas profundas de Dios, verdades que sólo pueden ser comprendidas por un hombre enseñado por el Espíritu, son reveladas a uno que está andando por el Espíritu (1 Co. 2:9 - 3:2).
3. EL ESPÍRITU SANTO ES CAPAZ DE GUIAR A UN CRISTIANO Y APLICAR LAS VERDADES GENERALES DE LA PALABRA DE DIOS A LA SITUACIÓN PARTICULAR DEL CRISTIANO. Esto es lo que se expresa en Romanos 12: 2, demostrando «cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta». Como el siervo de Abraham, un cristiano puede experimentar la declaración «guiándome Jehová en el camino» (Gn. 24:27). Una guía tal es la experiencia normal de los cristianos que están en una relación correcta con el Espíritu de Dios (Ro. 8:14; Gá. 5:18).
4. LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN ES OTRO RESULTADO IMPORTANTE DE LA COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU. De acuerdo a Romanos 8:16, «el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (cf. Gá. 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13). Es normal para un cristiano el tener la seguridad de su salvación, como lo 'es para un individuo el saber que está físicamente vivo.
5. TODA LA ADORACIÓN Y EL AMOR DE DIOS SON POSIBLES SOLAMENTE CUANDO UNO ESTÁ ANDANDO POR EL ESPÍRITU. En el contexto de la exhortación de Efesios 5: 18 los versículos siguientes describen la vida normal de adoración y comunión con Dios. Una persona fuera de la comunión no puede adorar verdaderamente a Dios aun cuando asista a los servicios de la iglesia en bellas catedrales y cumpla con el ritual de la adoración. La adoración es un asunto del corazón, y como Cristo le dijo a la mujer samaritana: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Jn. 4:24).
6. UNO DE LOS ASPECTOS MÁS IMPORTANTES DE LA VIDA DE UN CREYENTE ES SU ORACIÓN DE COMUNIÓN CON EL SEÑOR. Aquí nuevamente el Espíritu de Dios debe guiar y dirigir si la oración ha de ser inteligente. Aquí también debe de comprenderse la Palabra de Dios si la oración ha de ser de acuerdo a la Palabra de Dios: La verdadera alabanza y acción de gracias son imposibles aparte de la capacitación del Espíritu. Además de la oración del creyente mismo, Romanos 8:26 revela que el Espíritu intercede por el creyente. De acuerdo a ello, una vida de oración efectiva depende del andar en el Espíritu.
7. ADEMÁS DE TODAS LAS CUALIDADES YA MENCIONADAS, TODA LA VIDA DE SERVICIO DE UN CREYENTE Y EL EJERCICIO DE SUS DONES NATURALES Y ESPIRITUALES ESTÁN DEPENDIENDO DEL PODER DEL ESPÍRITU. Cristo se refirió a esto en Juan 7:38-39, donde Él describió la obra del Espíritu como un río de agua viva fluyendo del corazón del hombre. De acuerdo a esto, un cristiano puede tener grandes dones espirituales y no usarlos por no estar andando en el poder del Espíritu. En contraste, otros con relativamente pocos dones espirituales pueden ser usados grandemente por Dios porque están andando en el poder del Espíritu. La enseñanza de la Escritura sobre la plenitud del Espíritu es, por lo tanto, una de las líneas de verdad más importantes que un cristiano debe comprender, aplicar y apropiarse de ella.


Tomado de Grandes Temas Bíblicos Lewis Sperry Chafer 










lunes, 19 de diciembre de 2011

                                                                                                                                                                              Si hay un regalo que debemos compartir en esta época de Navidad y fin de año 2011, 
es el regalo que viene del Padre, ......................nuestro Dios que, de tal manera nos amó que envió a Su único Hijo, para que podamos tener vida en abundancia.  
                                                  


                        






El Señor Jesucristo es el verdadero motivo de esta fiesta y desde El Sendero de la Cruz AMBATO queremos animarte, no solo que disfrutes este regalo, sino también a que lo compartas con otros.  



                                                   




Al charlar, juntarte a comer y compartir tus regalos, no te olvides de resaltar al Regalos de los regalos.  Solo por él se puede tener vida eterna y vida abundantePor eso, no hay mejor regalo para nuestros seres queridos que recordarles EL REGALO DE DIOS.





                                                

Alabado y glorificado sea el Señor Jesús por siempre.

                                           

Roberto y Marjorie Parada Riquelme, misioneros
El Sendero de la Cruz AMBATO
Ecuador
 


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domingo, 4 de diciembre de 2011

“Lleva el mensaje”


Iglesia Bautista "Palabra Eterna" Ambato, Ec.  
TEXTO: MARCOS 16:15-16  "Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado"


Introducción:  
Una de la palabra más usada, en algunos sectores de la sociedad ecuatoriana es "chevere"  Esta palabra, en la mayoría de los casos significa estar bien, "estar chevere" . Es una forma de expresión. 
Me parece sumamente interesante que ésta sea una palabra muy usada aún cuando, en realidad, las cosas no están muy "chevere" que digamos. Al contrario; los problemas son cada día mayores. El crimen, la violencia, la corrupción, la destrucción del medio ambiente todas estas cosas van de mal en peor. 

Lo que veremos en esta oportunidad es algo importante: 
Es la misión que Jesús nos ha dado mientras estamos esperando su pronto regreso. 

Dios nos llama a anunciar el mensaje de salvación en Cristo a toda persona

I. Hemos recibido un llamado de Dios
Una de las cosas que sorprendía a las personas cuando oían enseñar a Jesús era la autoridad con la que enseñaba. 
El sermón del monte, es un ejemplo de ello. 
Cuando menciona las señales que acompañarían a los creyentes, la expulsión de demonios, el hablar en lenguas y otras cosas, está hablando del poder que recibimos para llevar el mensaje.
Hemos recibido un llamado de Dios. ¿En qué consiste, exactamente, este llamado?

II. Hemos sido llamados a proclamar el mensaje de salvación
Esta es la tarea primordial de cada creyente en su relación con el mundo. Hay muchas otras cosas buenas que los creyentes debemos hacer: ayudar a los pobres, socorrer a los marginados, clamar por justicia y mucho más. Hablo de la Iglesia frente al mundo; en sus relaciones internas, como también en su relación con Dios.
Pero la Iglesia tiene un propósito único frente al mundo que nadie más puede hacer. Por esto es tan triste cuando la Iglesia pierde de vista su responsabilidad primordial:
1. Cuando la Iglesia da pan al hambriento, pero no le habla del Pan de Vida, ha olvidado lo más importante. 
2. Cuando la Iglesia da un vaso de agua fría, pero no habla del Agua de Vida, se ha extraviado de su propósito principal.
En todo lo que hacemos como Iglesia, las buenas nuevas de la salvación tienen que estar al centro. 
Cada evento, cada convivencia, cada acto de servicio es una oportunidad para mostrar y compartir que en Jesús hay salvación.
Hoy, muchas personas buscan cualquier cosa que les pueda hacer bien. Buscan su propia verdad. Existe el peligro de llegar a pensar que el evangelio es así. Podemos pensar que el evangelio sólo es algo que puede ayudarnos, que puede hacer que la vida sea más llevadera, que nos sostiene. 

Pero el evangelio es mucho más que esto. De hecho,

III. Hemos recibido un mensaje esencial para toda persona
Jesús dice muy claramente: El que cree y es bautizado es salvo, pero el que no cree será condenado
Jesús no dice que es la falta de bautismo lo que condena a la persona, sino la falta de fe. 
Sin embargo, en el Nuevo Testamento, la fe y el bautismo siempre se unen. En otras palabras, el paso de obediencia que es el bautismo siempre tiene lugar poco después del paso de fe. 
Jesús nos dice que las consecuencias de creer o no creer este mensaje son, literalmente, de vida o muerte.
Cuando Dios creó al hombre con libre albedrío, automáticamente entró la posibilidad de escoger la separación de El. Y la separación eterna de Dios se llama, sencillamente, infierno.
Las personas que tú ves a diario: Tus familiares, tus compañeros de trabajo, tus amigos - pasarán la eternidad en uno de dos lugares. Nadie tiene que ir al infierno. Todos tenemos la maravillosa oportunidad de aceptar a Cristo como Señor y Salvador y tener el cielo seguro.
¿Estás compartiendo ese mensaje? ¿Estás orando para la salvación de quienes te rodean? 
Conclusión
El llamado de Cristo no ha cambiado para nosotros. ¿Cómo podría cambiar? 
Existe la misma necesidad que existía en su día, la necesidad de millones de personas alrededor del mundo y, en particular aquí en la ciudad de Ambato, que aún no han recibido el regalo de salvación que Dios nos ofrece por fe en Jesús.
Las Buenas Nuevas que hemos sido llamados a compartir son las mismas, las Buenas Noticias de que Cristo ofreció su vida y derramó su sangre en la Cruz para pagar por nuestros pecados. 
En amor, El sufrió lo que nosotros merecíamos para que, por fe, pudiéramos ser perdonados y entrar en una relación con Dios. Ahora, te doy el pase, lleva el mensaje.  Desde Ecuador, en la mitad del mundo:  Roberto Parada Riquelme.












miércoles, 23 de noviembre de 2011


COMO LEVANTARSE DESPUÉS DE… … … …

 “Iglesia Bautista "Palabra Eterna".
  Marcos Montalvo esq. Rodríguez Labandera, en Ambato-Ecuador
Lic. Roberto Parada Riquelme, Pastor


Soy el 100% responsable de mi vida. Decido que pensar, que sentir, que hacer. El 99% de los fracasos corresponde a personas que tienen el hábito de excusarse. Cuando renuncio a todas las excusas entro en control de mi vida.
Para que Dios te levante después de perder todo, debes asumir el 100% de la responsabilidad. Nadie dirige tu vida, solo tú. Basta de quejarte. El que se queja en realidad no quiere resolver el problema y además se queja con quién no puede solucionar nada.
Por ejemplo: Te va mal en el trabajo y te quejas con tu esposa. ¿Qué puede hacer ella? Nada. Te va mal en el matrimonio y te quejas en el trabajo. ¿Qué puede hacer tu compañero de trabajo? Nada. EL QUE SE QUEJA EN EL LUGAR INCORRECTO ES MIEDOSO, TEME CORRER UN RIESGO TOMANDO UNA DECISIÓN. 
AMIGOS: Basta de poner excusas:
·         
      Luis Pasteur, era miope.
·         Beethoven, sordo.
·         Franklin Roosevelt, sufrió poliomielitis, quedó inválido y nOo vivió quejándose. Ocho años más tarde fue gobernador de N.Y. y en 1932, fue presidente de los EE.UU.
·         Dios se reveló a Abraham a los 99 años.
        Roberto P. R. A los 50 años  un infarto cerebral, ceguera parcial.
·         ¡No hay excusas!
·         La excusa es una explicación que te das a ti mismo para tener tranquilidad. Cuando mueran tus culpas, tus quejas, tus excusas, asumirás el 100% de responsabilidad sobre tu vida, tendrás el control y Dios empezará a tratarte y levantarte. Ruth nunca se quejó, no echó culpas, ni excusas. 
     Dijo: “Mi vida depende de mí, perdí todo pero volveré a levantarme, porque el justo se cae y vuelve a levantarse”.

2. DIOS NO PATROCINA FRACASOS. 
Bendice a tus hijos y a tu descendencia, la Biblia dice: “Somos linaje escogido, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios, y nuestra descendencia por mil generaciones será bendita”. Aleluya.
3. TE SOSTENDRÁS EN LA GENTE QUE DIOS TE PROVEYÓ.  
Al tomar el control de tu vida, Dios pondrá gente en tu presente y futuro que te sostendrá en el momento difícil. Lo primero que hacemos cuando perdemos todo es aislarnos. Debemos buscar a la gente designadas por Dios para sostenernos en esos momentos de dolor.
Habla tu problema con Dios primero. Aléjate de quienes hoy parecen que están contigo y mañana no. No te detengas con la gente equivocada. Como le sucedió a Ruth, habrá un Booz que te dará trabajo, sostendrá tu futuro, se casará contigo, te consolará, te dará descendencia y te bendecirá.
4. EL PATRÓN DE DIOS ES: Prueba = Promoción. 
Las pruebas están indicando que viene una promoción. Dios no te dejará en el dolor.
5. Bendice las habilidades que Dios te dio. Aunque perdiste todo, no perdiste la habilidad que te llevó a lograr todo eso, por eso lo recuperará y vas a ganar aún más.
DEBES VALORAR TUS HABILIDADES DE TRES MANERAS:
·        1. Pensar bien
·         2. Hablar bien
·         3. Cuidar lo que Dios puso en tu camino

6. VAS A AFERRARTE AL SEÑOR COMO NUNCA. 
Orfa, Ruth y Noemí, perdieron sus maridos, estaban desechas, habían perdido todo. Llegaron a un punto del camino llorando, desgarradas, sin familia, sin casas, sin raíces, desterradas. Ruth era moabita y para los judíos inmunda. En el medio del camino, la suegra Noemí, les dijo que volvieran a su tierra porque no tenía nada que darles.
En el dolor, Orfa la abraza, y se va. Pero, Ruth se aferró y le dijo: “No me pidas que te deje y me aparte de ti, dondequiera que tú vayas iré yo, tu Dios será mi Dios y tu pueblo será mi pueblo”. Al verla Noemí tan decidida no le insistió más.
¿Eres de los que abandonan todo en medio del dolor, o eres de los que están convencidos que no hay vuelta atrás y que Dios te acompañará en bendición hasta el fin? Que Dios pueda decir de ti, hay un hijo, una hija, que el dolor, las pérdidas, la tristeza no lo han vencido, lo voy a rodear con mi favor.
7. SALDRÁS A TOMAR TU NUEVA BENDICIÓN. 
Ruth fue a espigar para que la tierra reconociera a su próxima dueña; estaba trabajando la tierra, pero, sería su dueña porque se casaría con el dueño de la tierra. Busca tu bendición, mira en tu espíritu lo que Dios te dará y tócalo. No te quedes sentado, es tiempo de salir y todo lo que pises Dios te lo dará. Con Dios todo es posible. Para el que cree todo es posible.
Este es tu tiempo de levantarte y recuperar lo perdido, Dios te abre nuevas puertas de bendición y El ha de restaurar todo lo perdido. Descansa y confía en El y serás asombrado por la bendición que has de recibir". 
Por: Elizabeth Rosado de Guidini
·         Comienza a caminar en fe
·         En la dependencia del Señor.
·         El Señor Jesús no te dejará
·         Sus brazos están extendidos: 
Para amarte, cubrirte y bendecirte.


MARCOS MONTALVO Y RODRIGUEZ LABANDERA (ESQUINA)
 (JUSTO  ATRÁS  DEL  MALL)

miércoles, 9 de noviembre de 2011



Solicito me acompañen en oración a nuestro Padre Celestial, por ROBERTO HERNÁN PARADA RAMIREZ está muy delicado de salud allá en nuestro país Chile. Es mi papá de quien estoy muy agradecido por darme un hogar cristiano, donde aprendí a amar a nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

domingo, 6 de noviembre de 2011





EL DESAFÍO: SER UN CIUDADANO CRISTIANO
Lic. Roberto Parada R.  Misionero en Ambato, Ecuador (095632178)

                                                                                               
EN SUDAMÉRICA AL CONSIDERAR LA ACTUAL REALIDAD ECONÓMICO, SOCIAL Y POLÍTICA RESULTA UN VERDADERO DESAFÍO EL SER “UN CIUDADANO CRISTIANO”.

CIUDADANO CRISTIANO:
1.1.          Es una actitud de compromiso ante Dios para que nuestra fe se vea a través de nuestras obras como está expresado en Santiago 2.14-18.
¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?
Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario,
y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.
Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi 

1.2.          Lo primero que debemos tener en cuenta es que los cristianos prestemos obediencia a los mandatarios y leyes por causa de la conciencia (Romanos 13:1-8; Tito 3:1).

"Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.  Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella,  pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo.  Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.  Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto.  Pagad a todos lo que debáis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor. 8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo, ha cumplido la ley".  Romanos 13:1-8

 "Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra". Tito 3:1

1.3.                   Por lo tanto, es nuestra obligación el cumplir con las leyes y el estar al día con los impuestos y cuentas, sin deber nada a nadie.
Esta actitud de obediencia es fundamental para estar a cuenta en nuestra condición de Ciudadanos Cristianos.

2.  AHORA BIEN, SABIENDO DE NUESTRO DEBER DE SER OBEDIENTES Y RESPETUOSOS CON NUESTRAS AUTORIDADES, ESTO NO IMPLICA QUE DEBAMOS SER CÓMPLICES DEL GOBERNANTE CORRUPTO E INSENSATO.

2.1.                   Esto tampoco nos habilita para difamar ni a levantar falso testimonio contra ninguna autoridad, tampoco a tomar actitudes de rebeldía ni violencia contra el gobernante corrompido.
2.2.               Es bueno recordar que nuestra lucha no es contra carne ni sangre y que por lo tanto en ocasiones de enfrentamiento contra injusticias debemos vestirnos de “toda la armadura de Dios”, ceñidos con la verdad, vestidos con la justicia y calzados con el evangelio de la paz (Efesios 6:10-20)

Solo con la asistencia del Espíritu Santo y la Palabra de Dios podemos enfrentar victoriosos a las múltiples expresiones del pecado en el mundo de hoy.  Nuestra victoria no es nuestra por nosotros sino por el poder de Dios. Pero definitivamente debemos enfrentar las injusticias, porque el silencio y la pasividad nos transforma en cómplices del pecado. 
     Acaso ¿podemos mantenernos pasivos y callados frente al hambre de muchos miles de personas, frente a la desnutrición, desprecio y desatención?

Históricamente está demostrado que ninguna revolución, sea esta armada o no, amparadas por cualquier ideología, ha dejado otro rédito mayor que un sinnúmero de muertes, y que, jamás ha significado solución definitiva: Un sistema político-social-económico. Al igual que las guerras, estas revoluciones, además de miles de muertes han traído solo cambios beneficiosos para algunos, y perjuicios para muchos. 
     ¿Si estas revoluciones hubieran sido realmente justas, estaría el mundo como está?


Por citar solo algunos ejemplos:
*  La Revolución Francesa destituyó a la monarquía con un alto costo de vidas humanas, pero no solucionó la debacle social y económica de la Francia del siglo XVIII.
*  La Revolución Bolchevique fue proclamada como la gran solución política para el siglo XX y sin embargo no llegó a la centuria de vigencia carcomida por la decadencia y la corrupción.
*  El proclamado triunfo del capitalismo y liberalismo no libró a sus países de los altos índices de indigencia y desigualdades sociales.
*  La Revolución cubana, que trajo consigo una notable práctica del sentido de la igualdad social y económica. Sin embargo llevó a un país entero a la pobreza generalizada y a generar el tristemente célebre “turismo sexual”.
*  Y últimamente brotó una frase de la mente de quien no se sabe, y que algunos han tratado de explicar sin conseguirlo, la frase: El Socialismo del Siglo XXI

CONCLUYO DICIENDO QUE:

Hay mucho por hacer:
Niños que mueren de hambre, hombres y mujeres con sus necesidades elementales insatisfechas. Hay mucho terreno para comprometernos en el nombre de nuestro Señor Jesús.

Hacen falta profesionales cristianos en lugares estratégicos en cada país, Políticos, jueces, abogados, médicos, docentes y trabajadores en cada área de nuestra vida cotidiana que sirva de testimonio vivo de la justicia de Dios como único camino a la salvación. Es hora de comprometernos, desde nuestro lugar de trabajo, desde nuestros hogares, desde el núcleo familiar, vecinal y social.

Dios quiere una nación justa, con gobernantes justos, y estos saldrán de un pueblo justo.
“Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella” (Deuteronomio 4:5).                                                                                    El llamado de nuestro Señor está hecho, no miremos para otro lado, es a nosotros a quienes nos llama, y espera nuestra respuesta.


CONCLUSIÓN:
El Señor nos compromete a ser ciudadanos cristianos y por lo tanto, testimonio vivo de la gloria y del poder de Dios. Como expresa La Biblia en Mateo 5:14-16, “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se la ponen dentro de un cajón, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. 


Amigos.  La tarea pendiente es: SER CIUDADANOS CRISTIANOS, EN TODO EL SENTIDO DE LA PALABRA.